Santiago

Ayer amaneció lloviendo en Lille.

Uno tiende a notar la lluvia cuando debe partir, sobretodo cuando se deja el lugar con algo de pena...

Esperando mi tren en la estación pude tomarme una muy esperada y refrescante cerveza belga. Esperada porque era una de mis fantasías de volver a Francia el poder experimentar el placer de una cerveza de abadía, servida en el vaso o copa característicos de cada marca. En el caso de la Grimberg, en la forma de un cáliz, a riesgo de sonar más hereje que de costumbre, muy adecuado al contenido.

Tren de alta velocidad a París, directo al aeropuerto.

Esperando que anunciaran en qué mesón me tocaba hacer el check-in, veo que se arma una fila de gente frente a las oficinas de Iberia. Yo vuelo en Iberia. Me acerco y pregunto qué onda. Me dicen que el vuelo fue cancelado.

Verán, yo tenía vuelo a las 18 hrs París-Madrid (llega a las 20), y a las 23:50 Madrid-Santiago. Esperaba tener tiempo de comer algo, recorrer las tiendas, o en una de esas arrancarme a la ciudad por media hora.

Nos dicen que nos van a cambiar a otro vuelo, más tarde, pero que sale desde Orly, el otro aeropuerto de París, al otro lado de la ciudad.

Bus del aeropuerto al otro terminal. Accidente de tránsito en la ruta, así que suave taco y avanzábamos a 2 por hora. A mitad de camino,y por breves 5 ó 10 segundos la veo a ella, despidiéndose. Vestida de luces, la Torre Eiffel estaba maravillosa.

Si no se hubiese cancelado el vuelo no la habría visto esta vez. Pero sí la pude ver. Tenía que ser así.

Llegamos al aeropuerto, justo a tiempo para embarcar. Eso según el horario programado porque igual el vuelo salió con algo de una hora de atraso. En la fila diviso a los primeros 4 ó más chilenos.

En Madrid, carrera para cambiarse de terminal y tomar el otro avión. Justo el tiempo de fumarme un cigarrillo antes de embarcar. Luego más espera en el avión, otra hora de atraso.

La llegada a Santiago fue dos horas más tarde que lo presupuestado. Poco trámite, nada que declarar, encuentro a mi hermana y partimos para la ciudad.

Pese a los múltiples obstáculos en la ruta, estoy de vuelta en Chile. Pagué mis tarjetas de crédito y probablemente mañana tenga habilitado el celular.

En unas horas más será la hora del asado. El reencuentro con mis malandras de amigos expatriados y muy pronto con los que siguen en Conce.

Un dos tres por mi.

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