Sufi night
Antes de ayer, en Rawalpindi me recomendaron viajar en tren a Lahore. Que se demoraba 3 horas en vez de las 4 del minibus, que era super bueno, 1a, 2a y 3a clase, más barato, etc.
La cosa es que el tren bacán era el de las 6 de la mañana, pero como nos quedamos conversando hasta tarde con la gente del hotel, sólo alcancé a tomar el de las 8. Clase única. Al principio todo bien, harto espacio, un conocido de la fila de los boletos, conversa con la gente, todo bien. Pero, tren lento. En vez de 3 se demoró 5 horas. Paró en todas y cada una de las estaciones, y se llenó hasta las cachas.
Llegué a Lahore, saqué mi papelito con la dirección del hotel y le pregunté a un Rickshaw cuánto me cobraba. Como no entendía inglés y yo no entiendo Urdú, le pide ayuda a un amigo. 100. El amigo se pone a discutir con el conductor que el precio es muy alto. Me dice que lo siga. Después de negociaciones con otros 5 rickshaws, me consigue uno por 50 Rs. De puro buena onda.
El Rickshaw me deja en la esquina donde debe estar el hotel. Me bajo, pago. Camino en la dirección del hotel pero no veo nada... otro taxista me pregunta "Regal Internet?" "Sí", respondo. "Ahí, en la calle de las flores", me dice. Llego. Todo bien.
El día jueves es el día de la música Qwali en una mezquita del centro, y de música y baile Sufi en la noche en otro templo. Me cambio de ropa y parto al Qwali. La mezquita está rodeada de un enorme bazar donde predominan los vendedores de bombas. De agua, por supuesto. La música, excelente. Es un canto devocional acompañado de coro, tambores y órgano tipo caja, todo al piso.
Después de la música, al hostal y después a comer con nuevos conocidos.
Partimos a la música Sufi. Como es en un templo, al igual que en la mezquita hay que dejar los zapatos afuera. En la mezquita te dan un número como en los supermercados, pero acá como somos menos, no.
La música es toda en honor al Shaman, un hombre de barba ceniza muy bien cuidada, algo calvo, rodeado del hombre de traje celeste, bigote y melena, el hombre del traje de seda verde y que a ratos hace sonar un caracol de mar. La audiencia prepara y fuma cantidades industriales de yerba prensada. Nosotros los extranjeros tenemos ubicación preferencial al lado derecho del anfitrión. El espacio en el piso es escaso, gente trata de entrar más tarde pero son rechazados, con fuerza en ocasiones. Hotest ticket in town.
La música comenzó con canto Qwali, el cantante, un gordito de voz melosa, un virtuoso. Después de algo de una hora de canto, es el turno de una pareja de negros hindúes que tocan tambores hechos de toneles. "Ellos también son artistas muy famosos", me dice mi nuevo amigo el viejito organista de la banda de Qwali. Tocaron por tres horas sin parar nunca. Un derviche vestido de negro giraba vertiginosamente en el centro del templo. Otro con cascabeles en los tobillos gira más lentamente, sacudiendo la cabeza. Tres horas de baile y música sin parar. El shamán presidiendo la ceremonia, sentado se mueve al ritmo de la música, ojos blancos, brazos levantados, se diría en trance...
A las 3 y media de la mañana nuestro anfitrión, el shamán, se retira. Los músicos siguen tocando por un par de minutos y de detienen. La gente comienza a irse. Mis amigos se quedan un rato conversando con el percusionista principal. El hombre es un virtuoso, a pesar de ser sordo.
Decidimos partir. Nuestros zapatos? No están. Nos robaron los zapatos! Las sandalias de mis amigos, mis zapatillas de treking... El guarda zapatos nos ofrece elegir entre los 5 pares de sandalias usadas que quedan... Elijo un par. Salimos. Nos subimos a un rickshaw y un hombre se me acerca. Es un amigo de los músicos, tal vez el padre de uno de ellos. Está descalzo y me dice algo. Entiendo: son sus sandalias las que escogí yo.
Me tuve que volver descalzo entonces (sólo con los calcetines). El amigo del rickshaw tuvo la deferencia de dejarnos en la misma puerta del hotel así que no tuve que caminar más de tres pasos en tal miserable condición.
Acá hace calor todo el tiempo así que ahora ando puro con mis chalas. Todavía tengo las botas de treking, y no me apura comprar zapatillas nuevas. El lado bueno? Creo que fue un buen final para mis zapatillas. Bastante más interesante que terminar en un basurero sudamericamo...
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