Expedición de 20 días cruzando el Tibet... al cara o sello.
Esta historia es larga, pero definitivamente creo que vale la pena compartir.
Todo comenzó en Dali, durante una velada de tragos donde conocí a un francés que me dió un excelente dato para alojar en Lijiang. Llegado a Dali me costó un mundo dar con la casa de huespedes, pero valió enormemente la pena. La dueña de casa,una abuelita Naxi, un amor.
Después de una noche de luna llena y celebración de la mitad del otoño (lunar), al día siguiente mi plan era partir para la Garganta del Tigre a primera hora, y así llegar la Tibet, de una forma u otra, lo antes posible.
La mañana de mi partida me dió mucha lata haber pasado sólo una noche en tan bella ciudad, así que decidí no partir con el grupo que salía temprano en la mañana, y en vez de eso, pasar la mañana en la ciudad visitando el hermoso parque de la Laguna del Dragón Negro.
Me levanté temprano igual y tomé desayuno con un inglés que partía a Shangrila en un par de horas más. Intercambiamos historias y destinos, y como los dos queríamos ir al Tibet por tierra, acordamos que yo haría el Salto del Tigre en dos noches, y que nos encontraríamos en Zhongdian (Shangrila) donde él buscaría un chofer y un auto, y compartiríamos los gastos, si no era demasiado caro.
Cuento corto, anoche llegué a Shangrilá pero no me pude conectar al email, así que no pude saber en qué estaba mi amigo. Hoy por la mañna me conecto y veo que ya tiene un plan, es caro, pero no tan caro, y necesita mi respuesta ayer (ayer-ayer).
Anoto la dirección de su hotel, me subo a un taxi, encuentro el hotel, David salió a almorzar. Lo espero en el patio.
Me pongo a conversar con una joven china que habla inglés y me pregunta si voy a ir a Lhasa con David. Le digo que creo que sí, pero que tengo que hablar con él primero. Me dice "Así que va a ser una expedición de 30 días?". Le respondo "Ah?".
Aparece un joven austriaco de cola de caballo que es quien está organizando la expedición. Me pregunta si soy yo el chileno que... "Sí, soy yo", respondo. "Tenemos un problema", me dice.
El asunto es que como ayer a las nueve de la noche no tenían noticias mías, le ofrecieron mi cupo a una joven mujer china (otra), y dijo que sí. Así que ahora la única posibilidad es usar un asiento muy pero muy malo en el auto, y sólo hasta Lhasa, porque en Lhasa embarcan un guía local que los acompaña hasta Ali (frontera norte del Tibet). Para mis adentros me digo, "Hey! Eso no está nada de mal!". Pero, PERO, me dice Andi, el jefe de expecidición, tal vez podemos hablar con la señora china y en una de esas se arrepiente.
Hablamos con la señora china. Ya se había hecho la ilusión, y no le gustaba la idea de quedarse abajo del jeep. Reflexionamos. Qué hacer? La señora china propone jugarla al cara o sello. AL CARA O SELLO!!! A los chinos les encanta apostar.
Digo que porqué no. En juego está entonces quien se baja en Lhasa (expedición de 10 días), y el ganador sigue hasta Ali (20 días). Saco una moneda. La señora va dentro del local y trae su propia moneda. Se junta toda la gente del hostal a ver el sorteo. Expectación? Todo el mundo nervioso. La apuesta es fuerte.
Aclaramos qué lado es qué. Si sale el lado del Un Yuan, gana la china. Si sale el lado de la bandera china, gano yo. Ahora quien tira la moneda? Andi, dicen algunos. Andi dice que no quiere. Tú? me dicen. La señora mejor, digo yo. Uno... dos... "Un momento!" dice la señora china que no habla inglés. Habla con Andi y éste me explica. "Hay una nueva alternativa", me dice. "El que pierde, y se tiene que bajar en Lhasa, viaja gratis". Osea, o pagas y vas hasta Dali, o te bajas en Lhasa (y viajas en un asiento de WC) y no pagas ni uno.
Acepto, digo.
La señora tira la moneda.
Sello.
Gana el chileno. GANÓ EL CHILENO!!!!!
En una semana más parto entonces en una expedición atravezando el Tibet de lado a lado. 20 días. VEINTE DÍAS! Peregrinaje de 3 días alrededor del Monte Kailash incluido.
La vida es bella.
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