La luna llena en París, y una rubia con corneta en Amsterdam
Tren de trasbordo a la estación de trenes urbanos, tren a la Estación del Norte, metro al centro, llego al hotel. “El caballero lo estar esperandos en la habitazón” me dijo la recepcionista para practicar su castellano. Subo las escaleras, y sentado en el pasillo me encuentro con un negro chascón y transpirado sentado arriba de unas mochilas... Waldi!!! Besos y abrazos, dejamos las cosas en la pieza y partimos a ver la ciudad. Waldi había llegado en la mañana y ya se había caminado la Ciudad Luz de arriba a abajo. Arco de Triunfo, Campos Eliseos, Louvre, mi tío ha gastado tanto las zapatillas que luego le van a quedar los puros cordones...
Siendo cerca de las 3 de la tarde, habrá que comer algo, así que fuimos a uno de los miles de Cafés de esquina que hacen nata en París, y nos sentamos afuera, mirando la gente pasar, con una chela y típica comida de café: un tremendo plato de tallarines con dos filetes de atún para mi tío, 2 costillas de cordero, ensalada y risoto para mi. Simple, rápido.
Terminado el refrigerio, dimos un paseo por los Jardines de Luxemburgo:

Caminamos hasta la torre Eiffel, pero había una cola de gente como si estuvieran regalando plata...
Le dijimos “paso” a la torre, y fuimos al Trocadero que es una esplanada justo al frente desde donde se tiene una tremenda vista, y procedimos a aplicar otro Café. Dos chelas, un jugode naranja. Nos traen los bebestibles y almendras, palitos de pan con queso y guindas secas para picar. Pura gente linda... y nosotros. Debimos haberlo sospechado... la cuenta salió 20 lucas. Dos chelas, un jugo; en todo caso la vista, la gente... como dijo mi amigo, “¡esta es la vida que uno se merece!”
Al rato decidimos aplicar torre Eiffel; lindo París de noche, linda noche de luna llena...

Partimos al barrio de La Bastille (que la lleva) a buscar algo para comer.
Restaurant simple pero con onda, comida extra-ordinaria, como de costumbre, Chardonnay de Chardolandia, riiiiiiico.
Y sería todo para la corta pasada por Panam.
Día 2:
Tempranito por la mañana a la Estación del Norte, y tren super rápido a Amsterdam.
Lleno hasta las cachas. Como no compramos los boletos al mismo tiempo, nos tocaron asientos separados, pero igual nos juntamos en el coche bar a tomarnos un desayuno Heineken, mirar el paisaje y aprovechar de conversar “otro poquito”.
Llegados a Amsterdam, en el hotel estaban todavía limpiando las habitaciones, así que dejamos las cosas y partimos a caminar. Rápido reconocimiento de la city, almuerzo de falafels, vuelta al hotel. Amsterdam tiene algo en el aire, la arquitectura, los canales, la gente, que relaja a fondo. La habitación que nos tocó, la mejor del hotel, grande, vista al Gran Canal. Aplicamos siesta. Cargadas la pilas partimos de nuevo a gastar las chalas. Paseo largo hasta la esplanada de los museos:
De vuelta nos fuimos a uno de mis restaurantes favoritos: “The Tiger and the Kandjil” comida tailandesa. Medio pituco, pero la comida.... ¡huaaaá! Con el ombligo como timbre nos fuimos a caminar al barrio de las niñas que te tratan de “tú”.En el camino, el tema de conversación, muy apropiado: teología. El bien y el mal, el perdón de los pecados, el rol de la iglesia, y llegamos al barrio y ahí estaban los angelitos...
El Barrio Rojo es un barrio alrededor de uno de los canales, con varios bares, salas de “espectá-culos”, y cientos de pequeñas vitrinas donde dentro, a la luz de ampolletas rojas y/o luz oscura, están una o dos niñas en bikini, mostrando lo suyo esperado clientes. Te acercas a la puerta, la chiquilla te invita a pasar, cierra la cortina, y en la camita de una plaza se hace negocio.
Por supuesto que ninguno de los dos caimos en la bajeza de “pasar por la experiencia”, pero eso no impidió que vitrinearamos harto, nos tomáramos una chela en uno de los bares “para pasar la calor”, vitrinearamos otro poco, y fuéramos a un show donde una chiquilla fumaba con el asunto, otra hizo un show medio selvático con plátano y todo (plátano-plátano, no plátano “plátano”), otra, como dice la canción, se metió hasta una llave inglesa ahí mismo (es broma, pero estuvo cerca), y vuelta al hotel.
Día 3:
Tuto hasta tarde. Desayuno cerca del hotel, paseo en bote por los canales. Relajación máxima.
Para el almuerzo fuimos a mi Café favorito “De Jaren”. Medio moderno/minimalista, techo alto, menú escrito en una pared, asientos al fondo, en una terraza al lado de un canal.
Nos conversamos una botella de rojo, gente llegaba en bote a tomar un refrigerio. Todo fantástico.
Y se puso cuática la cosa.
Se acerca un joven de pelo oscuro y rizado, se sienta al lado nuestro, saca un cuaderno lleno de notas, se pide una sopa, y escuchándonos conversar, nos dice “son chilenos Uds?, yo soy de Guatemala”. Durante las siguientes 4 horas, vino y se fue mucha gente, cayó la noche, conversamos hasta que nos dió hipo desde historias de amor y desamor, libros de cuentos y de poemas escritos para amores no correspondidos, astronomía (el hoyo negro en el centro de la galaxia, el fin de los tiempos en el 2012 porque se acaba el calendario Maya, etc etc). Nuestro nuevo amigo nos pregunta si conocemos un diario chileno muy entretenido que su hermano le recomendó leer por internet: "La Cuarta", el diario Pop. La columna: “La ventanita sentimental”. ¡Qué reirlos más!
Teníamos el mejor escándalo, nos reímos a mandíbula batiente de la vida aquí y allá, “Father Ted”, la comida, la diferencia de precios que hace que hace que un kilo de tomates insípidos acá te cueste más caro que un cajón de los de Coyanco...
Sudamérica la lleva, pero igual es bueno darse un paseo por estos lares y ver como vive la otra mitad del mundo occidental...
Se nos hizo tarde y volvimos al hotel a buscar un poco más de ropa y seguir camino a algún lugar con Jazz en vivo como quería mi amigo. En el hotel la recepcionista (cuyo novio es ¡chileno!) nos recomendó el “Bar Alto”. Pedimos un taxi y partimos. En el escenario una rubia de como 3 metros, linda como un sol tocando la corneta a una mano. Excelente la música, excelente el ambiente. Perfecto cierre para la visita a la Ciudad XXX.
Mis amigos en Irlanda me decían que “así que te vas a ir a dar con un fierro, entre los pitos y las niñas de poca vergüenza?”. La verdad es que Amsterdam tiene mucho más que ofrecer aparte del Barrio Rojo y los “Coffee Shop”. Con Waldi vimos a los locales sacar la mesa a la calle e improvisar una cena romántica con su mejor mitad, otros sentados en la puerta de la casa con 5 ó 6 amigos conversándose una botella de blanco, otros sentados en las ventanas disfrutando el lindo día, otros con el grupo de amigos en botes que por puro milagro flotan, pero igual los sacan a pasear por los canales con una caja de cervezas, un picoteo y una radio con buena música...
Pucha que fue bueno poder sentarse a conversar de la vida, en chileno, y compartir un par de aventuras con los amigos.
Ya saben que si pasan por Europa me avisan y nos juntamos por lo menos un fin de semana a bajar unas de tinto y conversar un resto, disfrutando el viejo continente una tarde de sol, mirando el mundo pasar.




Tengo clarito el medio tejido a croché que se debe haber mandado el parcito con tanta conversa pendiente en este lapso de tiempo tuyo en Ireland... Por suerte andaban acompañados pa' "cuidarse", mira que si andan solitos... chuuuu!! Saludos amigazo y suerte en tus cosas!!! er Trompo
ReplyDeleteOtra buena historia...
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