Apocalipsis Now
Como la mayoría de los viernes , después de comer me dispongo a salir a ver qué depara la noche, tal vez una buena conversación, tal vez un zorzal volando bajo, lo que sea su cariño.
Fui a uno de mis bares tradicionales favoritos en la ciudad, estaba bastante lleno, me costó un mundo pedir la primera Guinness. Con mi chela en mano, me pongo a ver la banda de música tradicional, le hago ojitos a la mina del kultrún que no me pescó mucho la semana pasada (ahora tampoco pesca mucho).
Fumándome un pucho afuera en la calle, me pongo a conversar con uno de los borrachitos usuales. Que nunca ha manejado un auto, que siempre ha andado en bicicleta, que hace mucho viento, que parece que es una cosa del equinoccio (le encuentro toda la razón, porque en Chile también hace mucho viento para la primavera).
Vuelvo adentro y se me acerca un tipo como de mi edad, y me dice que me vió hace dos semanas parado en el mismo rincón, disfrutando la música y mirando la gente. Empezamos a conversar, y me cuenta que ha vivido en Estados Unidos, Venezuela, México, China, etc etc, que estuvo casado 15 anos, pero que se separó hace 3 semanas porque su mujer no soportó la revelación que él empezó a vocalizar últimamente... mi tío comprendió cuál es el significado de la vida, por qué el mundo está en recesión, y que se viene el Apocalipsis. Esa onda.
Se mete entremedio el borrachín de la bicicleta. El Jinete del Apocalipsis se distrae con la polola del manager del bar... es tarde, se empieza a ir gente, mi tío conversa un poco a la mina, ella se va, volvemos a nuestra conversación. Mi tío se embala con física cuántica y que la NASA descubrió un hoyo negro en el centro de la galaxia, y metano “orgánico” en Marte, que Venus está más brillante, que todo es super secreto y que el mundo se va a acabar. Que el calentamiento global no es culpa de los combustibles fósiles y la cacha de la espada.
Le digo que discrepo, mi tío dice que le cuesta un poco conversar de “temas tan profundos” con tanto ruido, que “qué bueno poder conversar de esto con alguien que entiende”, etc. El bar cerró hace rato, pero como ya soy de la casa, igual me sirven una chela. Conversamos otro rato y como están cerrando el local, me propone ir a otro bar de mis favoritos en el centro, a tomarse “el del estribo”. Vamos.
Como ya no me entran más chelas me pido un vodka tónica, que acá en Europa son como tomarse un Manquehuito porque la botella de tónica es la mitad de las chilenas, y de vodka le ponen un dedo. Hacemos una ronda por el interior a ver si pica, mucha gente. Salimos al sector fumadores que es casi tan grande como el bar, y está lleno. Seguimos la conversa.
Pasa una morena de pelo rizado, en sus mejores veintitantos. Muy linda ella. Vuelve con un trago, se salpica un poco en el beetle negro, pero la salpicadura queda como “encima”, de esas salpicaduras que si uno las sacude, no mojan.
Se para al lado opuesto de mi tío, anda buscando a alguien. La miro y le hago el gesto técnico (con mi polar) de “sacúdete el beetle”. No entiende. Le digo “ex-kius mi”, le pincho el beetle y le sacudo suavemente las gotas de copete.
Mira su beetle, me mira a mi, deja el copete al lado, se toma el beetle de la parte de abajo, se lo levanta y me muestra su muy bonito y bien rellenado sostén. Un muy lindo lunar en medio de sus lindos pechos. Se baja el beetle de nuevo. Toma su trago y sigue buscando con la mirada a alguien más. Yo miro al Señor Apocalipsis con cara de “¿viste eso?”, no vio nada.
Vuelvo a la morena, le pregunto de dónde es, Inglaterra, cómo se llama, Juanita, me pide un cigarro, le ofrezco un Camel Light, no lo toma. “Quiero un rollie" (cigarro de tabaco en bolsa, hecho a mano), dice, y le ofrezco mi bolsa de tabaco y papelillos. Le pregunto si le armo uno, dice que no, trata de enrollar, no le resulta. Se acerca un (otro) jote, le ofrece un Malboro, lo toma, el jote se lo prende, ella lo bota. Recupero mi bolsa de tabaco y mis papeles. El jote recoge el pucho que la dama botó, se lo devuelve a la bella que claramente se ha tomado hasta la molestia. La dama toma el cigarro, y lo bota de nuevo, para el otro lado y dice “odio los cigarrillos”. Deja su copete y se va.
Vuelvo a la conversa con Apocalipto. Me dice que parece que estamos invitados a una fiesta en la casa de una italiana con que estuvo conversando recién. Esperamos a la italiana que nunca llega. Se me acaba mi copete, miro el de la damisela que se fue, lo levanto y me lo empiezo a tomar. Parece un Cuba Libre. Mientras me tomo el copete como que me empieza a dar calor… me siento agitado y empiezo a respirar profundo… miro a mi tío y lo encuentro rico (es broma, el copete no tenía nada).
Empiezan a cerrar el local, así que nos piden que nos acerquemos a la puerta. Copetes en mano nos movemos hacia la salida con mi tío.
Aparece de nuevo la morena. Cruzada de brazos y tiritando de frío. Quiere pasar pero el guardia no la deja. La miro y le digo ¿por qué no te pones el polar que tienes en la cintura?. Tirita un poco más y me dice que no. Le desamarro el polar y le digo que se lo ponga. Se lo pone, al revés; se da cuenta, se lo pone bien. Me mira a los ojos, me da un abrazo, un beso en la boca, largo y dulce. Mientras se aleja para encontrar a su pololo, le sostengo la mano y la dejo deslizar suavemente mientras desaparece entre la multitud. Si, como dice mi amigo, el mundo se va a acabar luego, por lo menos tengo otra historia más para reírme solo antes de que corten la luz.
Fui a uno de mis bares tradicionales favoritos en la ciudad, estaba bastante lleno, me costó un mundo pedir la primera Guinness. Con mi chela en mano, me pongo a ver la banda de música tradicional, le hago ojitos a la mina del kultrún que no me pescó mucho la semana pasada (ahora tampoco pesca mucho).
Fumándome un pucho afuera en la calle, me pongo a conversar con uno de los borrachitos usuales. Que nunca ha manejado un auto, que siempre ha andado en bicicleta, que hace mucho viento, que parece que es una cosa del equinoccio (le encuentro toda la razón, porque en Chile también hace mucho viento para la primavera).
Vuelvo adentro y se me acerca un tipo como de mi edad, y me dice que me vió hace dos semanas parado en el mismo rincón, disfrutando la música y mirando la gente. Empezamos a conversar, y me cuenta que ha vivido en Estados Unidos, Venezuela, México, China, etc etc, que estuvo casado 15 anos, pero que se separó hace 3 semanas porque su mujer no soportó la revelación que él empezó a vocalizar últimamente... mi tío comprendió cuál es el significado de la vida, por qué el mundo está en recesión, y que se viene el Apocalipsis. Esa onda.
Se mete entremedio el borrachín de la bicicleta. El Jinete del Apocalipsis se distrae con la polola del manager del bar... es tarde, se empieza a ir gente, mi tío conversa un poco a la mina, ella se va, volvemos a nuestra conversación. Mi tío se embala con física cuántica y que la NASA descubrió un hoyo negro en el centro de la galaxia, y metano “orgánico” en Marte, que Venus está más brillante, que todo es super secreto y que el mundo se va a acabar. Que el calentamiento global no es culpa de los combustibles fósiles y la cacha de la espada.
Le digo que discrepo, mi tío dice que le cuesta un poco conversar de “temas tan profundos” con tanto ruido, que “qué bueno poder conversar de esto con alguien que entiende”, etc. El bar cerró hace rato, pero como ya soy de la casa, igual me sirven una chela. Conversamos otro rato y como están cerrando el local, me propone ir a otro bar de mis favoritos en el centro, a tomarse “el del estribo”. Vamos.
Como ya no me entran más chelas me pido un vodka tónica, que acá en Europa son como tomarse un Manquehuito porque la botella de tónica es la mitad de las chilenas, y de vodka le ponen un dedo. Hacemos una ronda por el interior a ver si pica, mucha gente. Salimos al sector fumadores que es casi tan grande como el bar, y está lleno. Seguimos la conversa.
Pasa una morena de pelo rizado, en sus mejores veintitantos. Muy linda ella. Vuelve con un trago, se salpica un poco en el beetle negro, pero la salpicadura queda como “encima”, de esas salpicaduras que si uno las sacude, no mojan.
Se para al lado opuesto de mi tío, anda buscando a alguien. La miro y le hago el gesto técnico (con mi polar) de “sacúdete el beetle”. No entiende. Le digo “ex-kius mi”, le pincho el beetle y le sacudo suavemente las gotas de copete.
Mira su beetle, me mira a mi, deja el copete al lado, se toma el beetle de la parte de abajo, se lo levanta y me muestra su muy bonito y bien rellenado sostén. Un muy lindo lunar en medio de sus lindos pechos. Se baja el beetle de nuevo. Toma su trago y sigue buscando con la mirada a alguien más. Yo miro al Señor Apocalipsis con cara de “¿viste eso?”, no vio nada.
Vuelvo a la morena, le pregunto de dónde es, Inglaterra, cómo se llama, Juanita, me pide un cigarro, le ofrezco un Camel Light, no lo toma. “Quiero un rollie" (cigarro de tabaco en bolsa, hecho a mano), dice, y le ofrezco mi bolsa de tabaco y papelillos. Le pregunto si le armo uno, dice que no, trata de enrollar, no le resulta. Se acerca un (otro) jote, le ofrece un Malboro, lo toma, el jote se lo prende, ella lo bota. Recupero mi bolsa de tabaco y mis papeles. El jote recoge el pucho que la dama botó, se lo devuelve a la bella que claramente se ha tomado hasta la molestia. La dama toma el cigarro, y lo bota de nuevo, para el otro lado y dice “odio los cigarrillos”. Deja su copete y se va.
Vuelvo a la conversa con Apocalipto. Me dice que parece que estamos invitados a una fiesta en la casa de una italiana con que estuvo conversando recién. Esperamos a la italiana que nunca llega. Se me acaba mi copete, miro el de la damisela que se fue, lo levanto y me lo empiezo a tomar. Parece un Cuba Libre. Mientras me tomo el copete como que me empieza a dar calor… me siento agitado y empiezo a respirar profundo… miro a mi tío y lo encuentro rico (es broma, el copete no tenía nada).
Empiezan a cerrar el local, así que nos piden que nos acerquemos a la puerta. Copetes en mano nos movemos hacia la salida con mi tío.
Aparece de nuevo la morena. Cruzada de brazos y tiritando de frío. Quiere pasar pero el guardia no la deja. La miro y le digo ¿por qué no te pones el polar que tienes en la cintura?. Tirita un poco más y me dice que no. Le desamarro el polar y le digo que se lo ponga. Se lo pone, al revés; se da cuenta, se lo pone bien. Me mira a los ojos, me da un abrazo, un beso en la boca, largo y dulce. Mientras se aleja para encontrar a su pololo, le sostengo la mano y la dejo deslizar suavemente mientras desaparece entre la multitud. Si, como dice mi amigo, el mundo se va a acabar luego, por lo menos tengo otra historia más para reírme solo antes de que corten la luz.
te estas perdiendo en la ingenieria, dedicate a escribir mejor....Otra buena historia
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