raC A tneR sivA
Me invitaron a pasar la semana en el Sur de Irlanda, en una cabaña de "veraneo" a una hora de Kerry. Es más bien lejos, así que más vale ir en auto. Un solo problema: acá no tienen auto. Y ni la Sam ni su amiga tienen licencia.
Osea? Osea que tengo que arrendar un auto, y manejar yo. Por la izquierda.
Acá en Irlanda, como en todo buen país ex-miembro del Reino Unido, manejan por la izquierda, y el chofer se sienta a la derecha.
Antes de venir no estaba muy seguro si mi licencia chilena me iba a servir (para qué decir de si iba a poder siquiera poder pasar los cambios con la mano izquierda). Pero igual anoche, por internet, hicimos la reservación de un auto en "Avis Rent A Car" y lo tenía que recojer hoy para mañana poder salir temprano por la mañana.
Así que hoy al mediodía partí, solo, a buscar mi auto.
Como la Sam vive en el equivalente de la calle Suecia, en Santiago, estacionarse cerca es imposible/peligroso, y en el estacionamiento subterráneo cobran un ojo de la cara. Así que la recomendación es recojer el auto, y estacionarlo en la estación de trenes de Heuston, que se supone es más barato.
Con mi reserva en la mano, y marcado en un mapa la ubicación exacta del estacionamiento (más menos un par de kilómetros), llego a la oficina de Avis. La calefación a todo chancho en la oficina. Me acerco al mesón, saludo a la señorita y le digo que tengo una reservación. Número? Tanto. Licencia de conducir y tarjeta de crédito por favor. Licencia chilena, tarjeta Visa. Mira la ratona licencia, la foto que más parece retrato hablado, me mira. ¿Yo? Sonrío dificultosamente, trato de mantener contacto visual, mantener la calma, mantener la calma... siento la transpiración acumulándose en mi frente...
La señorita toma una carpeta con unos listados y empieza a buscar... España, Kazajastán, Papúa... no veo por ningún lado "Chile"; ella tampoco... Cierra la carpeta y le dice algo al dependiente de al lado. Trato de contener la transpiración... Necesito su dirección permanente, me dice. ¿Chile? Sip, Chile. Se la doy. ¿Teléfono de contacto? Al agua. Habla de nuevo con el vecino, no entiendo muy bien de qué.
Finalmente imprime el clásico papel de renta, me lo hace firmar, me pasa las llaves y me dice.: "Okey. El auto está afuera, la patente está en el llavero. Que tenga un buen viaje. ¿Algo más que pueda hacer por Ud?" Le pregunto por cómo llegar a la estación, me da instrucciones no demasiado claras, pero tengo mi mapa así que parto nomás.
¿El auto? Un Renault Megane corto, de esos con el vidrio trasero raro.
Miro las llaves, no hay llaves, sólo una tarjeta gruesa con botones para abrir el portamaletas, cerrar las puertas, abrir las puertas. Excelente. Aprieto el último botón. Abro la puerta. ¿No hay volante? Primer error: ya me equivoqué de lado.
Doy la vuelta al auto, abro la puerta que es y ahí está el volante, y la palanca de cambios, a la izquierda. Normal. Yaaaah.
Me subo, dónde cresta meto la inexistente llave. Veo una ranura iluminada en medio debajo de la radio. "Presione el embriague e inserte la tarjeta", dice un anuncio en el panel. Lo hago, se prenden más luces. "Apriete el botón START para encender el auto", me dice otro mensaje en el panel. Todavía estoy transpirando de la odisea en el mostrador, y ahora hay que echar a andar el auto, pero no alcanzo los pedales... Muevo palancas al lado, asiento se reclina. Muevo otra palanca, el asiento se levanta. Shit. Abro la guantera, de nuevo, del otro lado del auto. ¡Encuentro el manual del auto! Averaveraver... Busco en "Seats". Okey, resulta que había otra palanquita camuflada. Ahora puedo regular el asiento. Perfecto.
Echo a andar el auto, pongo primera y parto hacia la salida. Como niño bueno me ubico del lado derecho de la salida. Error. Es del lado izquierdo. Shit. Miro para todos lados, y salgo. ¡Uf!
Mi estrategia para manejar en este país ya la tenía planificada de antes. Decidí hacer igual que cuando tuve que manejar una bicicleta en Pekín: "Voy a seguir al de al frente" (con un poco de suerte va para el mismo lado).
Me lanzo entonces a la calle y empiezo a seguir las indicaciones y el mapa en mi cabeza. Semáforo, izquierda, otra izquierda, una derecha en subida, otra derecha, llego a una calle grande, estoy frente a la estación, pero por el lado. Estoy en la pista de la izquierda, así que no puedo doblar a la derecha que es donde parece que está el estacionamiento. Doblo a la izquierda y doy la vuelta a la "manzana". Verán, como en toda buena ciudad vieja europea, las manzanas son todo menos cuadradas. Sigo mi instinto (y el auto de enfrente) y voy alrededor. Calle estrecha, muy estrecha. El auto de enfrente se detiene abruptamente y mi instinto es frenar y hacerme a un lado. El derecho. Error. Venía un taxi rajado del otro lado, y casi me lo como. ¡Uf! Muestro sonrisas de turísta estúpido, enciendo de nuevo el motor que por supuesto se me paró, el taxi pasa y podemos seguir.
Después varias otras izquierdas y derechas ya en tráfico más interesante, y después de seguir los letreros de "P" (parking) que me auguraban una noche segura para el auto (partimos mañana muy temprano), llegué al parking, me estacioné, me bajé del auto, y estuve tentado a imitar al Papa Juan Pablo 2do, y ponerme de rodillas y besar el suelo...
Mañana me esperan seis horas de manejo hasta "Donde el Diablo Perdió el Montgomery".
Me imagino que voy a estar fuera de línea por varios días, así que los que manejan acuérdense de mi y préndanle un par de velitas a San Eliseo, el santo patrono de los autitos chocadores.
Osea? Osea que tengo que arrendar un auto, y manejar yo. Por la izquierda.
Acá en Irlanda, como en todo buen país ex-miembro del Reino Unido, manejan por la izquierda, y el chofer se sienta a la derecha.
Antes de venir no estaba muy seguro si mi licencia chilena me iba a servir (para qué decir de si iba a poder siquiera poder pasar los cambios con la mano izquierda). Pero igual anoche, por internet, hicimos la reservación de un auto en "Avis Rent A Car" y lo tenía que recojer hoy para mañana poder salir temprano por la mañana.
Así que hoy al mediodía partí, solo, a buscar mi auto.
Como la Sam vive en el equivalente de la calle Suecia, en Santiago, estacionarse cerca es imposible/peligroso, y en el estacionamiento subterráneo cobran un ojo de la cara. Así que la recomendación es recojer el auto, y estacionarlo en la estación de trenes de Heuston, que se supone es más barato.
Con mi reserva en la mano, y marcado en un mapa la ubicación exacta del estacionamiento (más menos un par de kilómetros), llego a la oficina de Avis. La calefación a todo chancho en la oficina. Me acerco al mesón, saludo a la señorita y le digo que tengo una reservación. Número? Tanto. Licencia de conducir y tarjeta de crédito por favor. Licencia chilena, tarjeta Visa. Mira la ratona licencia, la foto que más parece retrato hablado, me mira. ¿Yo? Sonrío dificultosamente, trato de mantener contacto visual, mantener la calma, mantener la calma... siento la transpiración acumulándose en mi frente...
La señorita toma una carpeta con unos listados y empieza a buscar... España, Kazajastán, Papúa... no veo por ningún lado "Chile"; ella tampoco... Cierra la carpeta y le dice algo al dependiente de al lado. Trato de contener la transpiración... Necesito su dirección permanente, me dice. ¿Chile? Sip, Chile. Se la doy. ¿Teléfono de contacto? Al agua. Habla de nuevo con el vecino, no entiendo muy bien de qué.
Finalmente imprime el clásico papel de renta, me lo hace firmar, me pasa las llaves y me dice.: "Okey. El auto está afuera, la patente está en el llavero. Que tenga un buen viaje. ¿Algo más que pueda hacer por Ud?" Le pregunto por cómo llegar a la estación, me da instrucciones no demasiado claras, pero tengo mi mapa así que parto nomás.
¿El auto? Un Renault Megane corto, de esos con el vidrio trasero raro.
Miro las llaves, no hay llaves, sólo una tarjeta gruesa con botones para abrir el portamaletas, cerrar las puertas, abrir las puertas. Excelente. Aprieto el último botón. Abro la puerta. ¿No hay volante? Primer error: ya me equivoqué de lado.
Doy la vuelta al auto, abro la puerta que es y ahí está el volante, y la palanca de cambios, a la izquierda. Normal. Yaaaah.
Me subo, dónde cresta meto la inexistente llave. Veo una ranura iluminada en medio debajo de la radio. "Presione el embriague e inserte la tarjeta", dice un anuncio en el panel. Lo hago, se prenden más luces. "Apriete el botón START para encender el auto", me dice otro mensaje en el panel. Todavía estoy transpirando de la odisea en el mostrador, y ahora hay que echar a andar el auto, pero no alcanzo los pedales... Muevo palancas al lado, asiento se reclina. Muevo otra palanca, el asiento se levanta. Shit. Abro la guantera, de nuevo, del otro lado del auto. ¡Encuentro el manual del auto! Averaveraver... Busco en "Seats". Okey, resulta que había otra palanquita camuflada. Ahora puedo regular el asiento. Perfecto.
Echo a andar el auto, pongo primera y parto hacia la salida. Como niño bueno me ubico del lado derecho de la salida. Error. Es del lado izquierdo. Shit. Miro para todos lados, y salgo. ¡Uf!
Mi estrategia para manejar en este país ya la tenía planificada de antes. Decidí hacer igual que cuando tuve que manejar una bicicleta en Pekín: "Voy a seguir al de al frente" (con un poco de suerte va para el mismo lado).
Me lanzo entonces a la calle y empiezo a seguir las indicaciones y el mapa en mi cabeza. Semáforo, izquierda, otra izquierda, una derecha en subida, otra derecha, llego a una calle grande, estoy frente a la estación, pero por el lado. Estoy en la pista de la izquierda, así que no puedo doblar a la derecha que es donde parece que está el estacionamiento. Doblo a la izquierda y doy la vuelta a la "manzana". Verán, como en toda buena ciudad vieja europea, las manzanas son todo menos cuadradas. Sigo mi instinto (y el auto de enfrente) y voy alrededor. Calle estrecha, muy estrecha. El auto de enfrente se detiene abruptamente y mi instinto es frenar y hacerme a un lado. El derecho. Error. Venía un taxi rajado del otro lado, y casi me lo como. ¡Uf! Muestro sonrisas de turísta estúpido, enciendo de nuevo el motor que por supuesto se me paró, el taxi pasa y podemos seguir.
Después varias otras izquierdas y derechas ya en tráfico más interesante, y después de seguir los letreros de "P" (parking) que me auguraban una noche segura para el auto (partimos mañana muy temprano), llegué al parking, me estacioné, me bajé del auto, y estuve tentado a imitar al Papa Juan Pablo 2do, y ponerme de rodillas y besar el suelo...
Mañana me esperan seis horas de manejo hasta "Donde el Diablo Perdió el Montgomery".
Me imagino que voy a estar fuera de línea por varios días, así que los que manejan acuérdense de mi y préndanle un par de velitas a San Eliseo, el santo patrono de los autitos chocadores.
Comments
Post a Comment